Mitos y miedos de los futuros estudiantes universitarios

El camino de ingreso en la universidad está plagado de ideas equivocadas. Junto a los miedos que causa pasar a un espacio que suele resultar intimidante, se reproducen prejuicios, que se transmiten de boca en boca y que los recién llegados creen como verdades inapelables.

“En la universidad sos un número”, “los profesores no explican si uno no entiende”, “tal materia es filtro”; “las universidades públicas son buenas pero desorganizadas; las privadas son comerciales y más ordenadas” son algunos de los más extendidos que impregnan la elección de la universidad, la carrera y hasta la actitud con que los chicos se disponen a empezar la vida universitaria.

“El problema es que están muy convencidos de que así son las cosas. Son ideas difíciles de remover porque les dan seguridad en un momento de mucha incertidumbre, como es el ingreso en la universidad -dijo a LA NACION Lidia Ferrari, integrante del Departamento de Orientación vocacional del CBC-. Son parte de la desinformación general, porque muchas son ideas que transmiten los docentes y los padres.”

Aquí, un listado de los mitos sobre la universidad más escuchados y su refutación.

En la universidad eres un número

Muchos chicos temen un trato despersonalizado, en comparación con el contenedor colegio secundario. “Les explicamos que van a pasar a un ámbito que tiene otras características de relación, pero que puede ser de todos modos personalizado”, explica Elsa Montauti, coordinadora del Servicio de Orientación Educacional, Vocacional y Ocupacional de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).

Lo que sí resulta distinto es que ser estudiante universitario supone manejarse de manera autónoma y ser responsable del propio aprendizaje, pero eso no implica un contexto hostil. Ayuda a pensar, además, que todos los recién llegados se encuentran en situaciones similares de temor: tampoco conocen a nadie ni aprendieron aún a manejarse en el nuevo ámbito.

En algunas universidades privadas detectan, también, la contracara: los que ven a la universidad como un colegio secundario, sólo que un poco más grande. Y demandan, por ejemplo, contemplaciones en las fechas de exámenes o los horarios, por problemas personales. “Les aconsejamos que piensen en sus prioridades, y les decimos que la organización propia de la universidad impide esas consideraciones”, advirtió Roberto Aras, director del Departamento de Ingreso de la UCA.

Los profesores no explican si uno no entiende.

“Les explicamos a los chicos que ellos son los protagonistas del aprendizaje y que deben demandar una explicación si no entienden; que éste es el espacio para no saber y equivocarse”, apuntó Aras. Para sacarse las dudas sobre la supuesta distancia de los profesores universitarios, recomiendan acercarse a la facultad, hablar con estudiantes y presenciar alguna clase.

No voy a dar abasto para estudiar la cantidad de contenidos.

La universidad aparece como un lugar muy exigente para los nuevos alumnos, que no sienten que puedan atravesar con éxito; temen, por ejemplo, no poder organizarse para el estudio. Sin embargo, a ser universitario también se aprende y pueden acudir a los servicios que casi todas las universidades proveen: orientación vocacional, metodología del estudio o profesores tutores. Muchos piensan que el estudio absorberá todo su tiempo. “Hay un proceso de adaptación, pero todos tienen experiencias previas de cambio que los van a ayudar a hacerlo”, dijo Montauti.

Las materias filtro.

Es cierto que hay materias más complejas que otras, pero con previsión, organización y consultas a tiempo, la dificultad puede manejarse. Muchos chicos sólo miran las materias para definirse por una carrera. “Hay que mirar todo el plan de estudios, ver el conjunto. Aprobar materias es sólo el camino para llegar al título profesional”, dijo Marcelo Freddi, director del Departamento de Ingreso y Orientación Vocacional de la Universidad de Morón.

Si me equivoco de carrera, será un fracaso irreversible.

Una primera elección puede no ser definitiva y eso no debe verse necesariamente como un fracaso, sino más bien como una experiencia. “Elegir una carrera es una decisión importante, pero los alumnos son capaces de hacerlo. Han tenido que tomar otras decisiones en sus vidas, tienen herramientas para hacerlo y gente que puede ayudarlos”, dijo Freddi.

“Intentamos conectarlos con otros momentos de cambio que han experimentado. Los temores son inevitables, pero les sugerimos que no se queden solos, que pidan ayuda, que los compartan con otros para atenuar las ansiedades”, contó Adriana Hunau, coordinadora del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Nacional de Cuyo.

Voy a hacer un test vocacional para que me digan qué estudiar.

No hay magia posible. “Elegir es un proceso, que debe planificarse, que requiere buscar información, entenderla, pensar en las propios intereses y hacer consultas”, opinó Freddi.

Las universidades públicas son buenas pero desorganizadas; las privadas están orientadas a lo comercial y son más ordenadas.

La heterogeneidad de las universidades hace imposible generalizar. Es cierto que las universidades privadas suelen tener menos estudiantes que algunas públicas y un esquema más organizado, pero no es privativo de ellas. Incluso dentro de la UBA, las actividades cotidianas de las distintas facultades son diferentes. Un camino efectivo para elegir una universidad es visitar las instituciones, recorrerlas y hablar con sus estudiantes, para tener una mirada más real sobre su funcionamiento.

Fuente: Por Raquel San Martín de la redacción de LA NACION

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